1. Subestimar la complejidad del sistema
Uno de los errores más comunes es pensar que la migración será rápida porque “el sistema ya funciona”. En realidad, los sistemas legacy suelen contener código acumulado durante años, módulos poco documentados, procesos manuales integrados, dependencias ocultas, validaciones no registradas y comportamientos que solo conocen quienes trabajaron históricamente con la aplicación.
Muchas veces, el verdadero funcionamiento del sistema no coincide completamente con la documentación disponible. Esto provoca que durante la migración aparezcan errores inesperados, funcionalidades críticas olvidadas o incompatibilidades difíciles de detectar.
Antes de comenzar cualquier migración es fundamental realizar un relevamiento funcional, análisis técnico, identificación de dependencias, mapeo de procesos y revisión completa de la infraestructura actual. Migrar sin comprender el ecosistema completo suele generar retrasos, sobrecostos y fallos operativos.